LA MÚSICA DE LAS DANZAS DE GALVE
Hasta finales de los años sesenta, momento en
que como ya hemos señalado varias veces la tradición de
los danzantes dejó de practicarse, los músicos acudían
de Noviales (Soria). Se componían de un dulzainero y un tamborilero,
y acudían también a tocar a Valverde de los Arroyos (83).
Estos dulzaineros de Noviales, así los recuerdan las gentes de
avanzada edad de Galve, han sido los músicos más destacados
de todos cuantos han pasado por Galve de Sorbe. Aquellos extraordinarios
gaiteros lograron entusiasmar a las gentes del pueblo y a los propios
danzantes logrando una música distinguida, encantadora y al mismo
tiempo acorde con la audacia de éstos últimos.
La anécdota que ocurrió en 1979 merece
punto y aparte. En ese año hubo un esporádico intento de
recuperación de las danzas galvitas. Ante la falta de dulzainero
y ante la inminente llegada de la fiesta, justo la víspera, el
alcalde de entonces, Victorino de Antonio Sierra y dos personas más,
entre ellas Celedonio Sierra Martín, se fueron a Ayllón
(Segovia) a buscar a un famoso gaitero segoviano, Mariano Contreras. Un
legendario dulzainero muy popular en Segovia y contornos que justo el
día anterior había tocado en la mencionada localidad segoviana.
Cuando nuestros paisanos llegaron, el gaitero ya se había marchado
a Segovia capital, donde residía. No se les ocurrió otra
cosa que ir a esta ciudad. A altas horas de la madrugada, preguntaron
en el primer bar que vieron abierto en esta capital castellana con tanta
suerte que el dueño del local era vecino del gaitero que buscaban.
Al cabo del rato, se presentaron en el domicilio de éste último
y consiguieron sacarlo de la cama y traerlo para Galve. Algo fantástico
debió ocurrir en el viaje de vuelta porque el gaitero se aprendió
todas las danzas según se las iba cantando Celedonio Sierra. Esto
es un hecho real que demuestra la categoría de este gran dulzainero
segoviano.
Y es que la zona de Soria y Segovia siempre ha gozado
de gran prestigio en el campo de las dulzainas. Las voces del pueblo castellano
se han manifestado a través de las gaitas de estos infatigables
héroes de la música que, por supuesto, no faltaban en su
cita anual con las danzas de Galve. Antes y después de 1979 también
vinieron otros gaiteros segovianos, igualmente muy buenos.
En el apartado de “personajes adquiridos”
de este estudio ampliamos la información sobre los dulzaineros
que han acudido a Galve a tocar con los danzantes.
La dulzaina y el tambor son, pues, los dos instrumentos en que se apoyan
los danzantes para ejecutar sus bailes. Es curioso el caso de la dulzaina
castellana, en otros tiempos “propiedad” única de los
segovianos y sorianos y, actualmente, ya muy extendida en nuestra provincia,
debido a las tareas de recopilación y reconstrucción, entre
otras instituciones, de la Escuela Provincial de Folklore y de la Escuela
municipal de dulzaina y tamboril de Sigüenza. Tal y como apunta Lizarazu
de Mesa en su obra antes mencionada, “la combinación de dulzaina
y tambor produce la melodía, más el ritmo que marcan los
instrumentos de los danzantes”. Efectivamente, la letra de las danzas
sirve sólo para que los danzantes la canten en voz baja para no
perderse en el baile, pero es un elemento secundario, mientras la música,
por ejemplo, forma parte esencial de las danzas.
Hemos hablado de la gaita o pito y la dulzaina, pero
no podemos olvidar el tamboril. Lizarazu de Mesa describía las
características del tambor: “es una caja cilíndrica
de madera, cerrada en sus dos bases por dos parches de piel que se sujetan
a ella con un arco de madera y se tensan mediante cuerdas que se entrecruzan
por todo el cuerpo del instrumento en forma de W. Era de fabricación
local, pero su técnica se ha olvidado, pues, los que se conservan,
se han transmitido de generación en generación. Únicamente
se cuida de su mantenimiento y conservación cambiando el parche
de piel cuando se rompe y tensándolo para afinarlo”.