NOTAS DE GEOGRAFÍA E HISTORIA
Galve de Sorbe es una localidad guadalajareña
de 181 habitantes situada a 1364 metros de altitud. Su emplazamiento geográfico
se encuadra en el noroeste de la provincia, en la ladera norte de la Sierra
del Alto Rey, justo en las proximidades del macizo de Ayllón y
del Hayedo de Tejera Negra. Es, por tanto, Galve un lugar serrano enclavado
en el corazón de la parte oriental de Castilla. Una villa de alta
montaña pero, como por obra, deseo y milagro del progreso, muy
bien comunicada, puesto que se puede acceder a ella por diferentes vías:
desde Sigüenza, por la CM-114 (Alcolea-Aranda), desvío carretera
local. Desde Guadalajara, pasando por Humanes y Cogolludo, por la CM-101;
a partir de Cogolludo, seguir los indicadores. Desde Ayllón (Segovia),
por la CM-114, desvío perfectamente señalizado a Galve de
Sorbe por carretera local nada más cruzar el límite de la
Provincia de Segovia con la de Guadalajara. Por último, desde Madrid
se puede acceder a Galve por la Autovía de Aragón o por
la de Burgos. Desvío a la CM-114 en ambas carreteras.
El castillo es el enclave histórico y turístico
más importante del pueblo. Es una fortaleza medieval del siglo
XV, mandada construir por Diego López de Estúñiga
“el mozo”, cuya trascendencia histórica y artística
primordial reside en su torre del homenaje, casi intacta, una de las “más
bellas de la provincia”, en palabras del cronista provincial Dr.
Layna Serrano (1). Lo cierto es que esta antigua residencia de notables
señores –en sus dependencias fijaron morada descendientes
de los reyes de Navarra y de la familia del Cardenal Mendoza- es uno de
los monumentos de mayor valor histórico de la zona. Del conjunto
monumental, cabe destacar además sus murallas y los fosos (2).
La plaza del pueblo es otro punto interesante en el recorrido por esta
villa. Su plaza Mayor forma una bella estampa serrana engalanada con la
Casa Consistorial y sus soportales, la fuente de cuatro caños y
el “rollo” o picota gótico del siglo XV. Son de especial
interés en Galve sus restos románicos, patentes en numerosas
tapias y fachadas del pueblo, además de una sólida red de
casonas de mampostería y sillarejo que perduran y que se renuevan
para dotarlas de mayor comodidad, como extraordinario legado de aquella
“arquitectura seudoseñorial” (3), como símbolo
más claro de la categoría de villa o antigua plaza fuerte
que ostentó Galve. Por último, resaltamos las tres ermitas
con que cuenta Galve: San Antonio Abad, la Soledad y la Virgen del Pinar,
siendo ésta última la más importante (4).
La historia de Galve va íntimamente ligada a su
efigie más representativa: el castillo. La villa de Galve tuvo
importancia en épocas pasadas (5). Durante la Reconquista y la
Repoblación fue sede de un arciprestazgo perteneciente a la diócesis
de Sigüenza, igualando su categoría a otras villas de reconocido
renombre como Ayllón, Atienza y Almazán. Más tarde
Galve de Sorbe fue cabecera (6), junto a Ayllón, Sepúlveda
y Atienza de un Señorío, o más concretamente, de
un viejo Condado y de su Comunidad de Villa y Tierra (7), que abarcaba
los pueblos de Valdepinillos, La Huerce, Zarzuela de Galve, Valverde de
los Arroyos, Umbralejo y Palancares. El título de condes de Galve
pertenece desde hace años a los Reyes de España (8). El
cronista oficial Dr. Herrera Casado (9) opina que tras la Reconquista,
Galve perteneció al Común de Villa y Tierra de Atienza,
dato que contrasta con el que otorga a Galve la cabecera de su propio
Común de Villa y Tierra. Sea como fuera, es indudable la trascendencia
de la antigua villa condal de Galve en la historia de aquella agreste
zona del norte provincial.