Galve de Sorbe
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INTRODUCCIÓN

Confieso que al escribir las primeras palabras de este estudio siento en mis manos una especial emoción. Muy poco, por no decir nada, se ha escrito acerca de las danzas de Galve y al efectuar tal operación es imposible huir de este sentimiento, entre alegre y nostálgico, entre triste y evocador. Las danzas de esta villa se vienen practicando desde tiempos inmemoriales, así es que el paso del tiempo ha proporcionado un extraordinario acopio de ritos, pasos y músicas que en las siguientes páginas intentamos desgranar. Lo que nos disponemos a descubrir es nada más y nada menos que todos los ámbitos –como mínimo, todos a cuantos alcanza nuestros conocimientos- que abarca la ‘Danza’ de Galve de Sorbe.

La información que aparece en este trabajo es fruto, sin olvidar el apoyo bibliográfico, de la experiencia vivida por su autor durante los últimos años en Galve, con sus gentes y sus danzantes (10). Hemos recogido el testimonio fiel y sentido de los que hoy son abuelos de Galve y ayer fueron excelentes danzantes. Hemos mantenido conversaciones con antiguos y jóvenes danzantes y, en definitiva, hemos realizado un compendio de todo cuanto pude –todavía hoy lo sigo haciendo- descubrir sobre las danzas en el propio pueblo y con sus habitantes. A todos ellos, y en concreto a sus prodigiosas memorias, es debido todo el material que, sin más dilación, damos paso.

La periodista y fotógrafa Mª Ángeles Sánchez (11) dijo que las “fiestas populares españolas son un inmenso océano en el que navega lo mejor (y, de muy de tarde en tarde, parte de lo menos bueno) de nuestro ser colectivo”. Ajustándonos a las danzas de Galve, podríamos precisar que se trata de una fiesta que recoge el espíritu y el alma de un colectivo, el pueblo de Galve de Sorbe, producto de una historia fecunda e importante. Las variaciones producidas en la realización de las danzas han suscitado en éstas notorios cambios, sustanciales novedades que son inequívocas señales del paso del tiempo.

Los danzantes y el Zarragón de Galve se enmarcan en un ámbito religioso específico y actúan de ceremonia o rito de esa fiesta católica, que antes fue pagana. Es, casi, un elemento solemnizador, pero en todo caso, la exteriorización permanente, afortunadamente recuperada, de los sentimientos, la pasión, la religiosidad y el júbilo de los galvitos de hoy día, como años atrás, muchas décadas antes, lo fue de nuestros ancestros. Las danzas de Galve es una de esa multitud de tradiciones festivas rescatadas en los tiempos en que el progreso, al fin, cundió en España. Luis Carandell (12), gran avezado del folklore del país, las definió con sucinta elegancia: “fiestas que han sido recuperadas en nuestro tiempo, al calor de esa especie de ‘pasión festiva’ que es rango común de los españoles”. Efectivamente, dado el carácter litúrgico –un tanto serio- pero también festivo, alegre e incluso bravío de las danzas de Galve, podemos considerar a éstas como la perfecta simbiosis de armonía y rito, de alegría –no me cansaré de repetir esta palabra- y nostalgia, que funde la historia con el presente. Las danzas de Galve son el elemento que con mayor pureza conserva esta villa como diáfano remanente de su valioso pasado.

La Virgen del Pinar, antiguamente lo fue la del Rosario, es la advocación católica que congrega la razón de ser de la fiesta y de los danzantes. En torno a la imagen de la Patrona, como señala Mª Ángeles Sánchez (13), “se aúnan criterios, posiciones, actitudes e incluso estamentos sociales que, en otras condiciones, serían difícilmente conciliables”. Las danzas de Galve, por tanto, tienen un pleno significado religioso, aunque no podemos olvidar su origen primario. Como el resto de “paloteos” de la provincia de Guadalajara, el de Galve corresponde a un rito o ceremonia que los antiguos pobladores celebraban en honor de los dioses paganos. Posteriormente, la Iglesia ha sabido cristianizar y, en consecuencia, adoptar esta clase de bailes, dotándolos ya desde entonces de un alcance pleno de religiosidad.

El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define así la palabra danza: “baile, acción y manera de bailar” o también “cierto número de danzantes que se juntan para bailar en una función al son de uno o varios instrumentos”. Aplicadas estas definiciones al caso que nos ocupa es posible precisar que en Galve de Sorbe los danzantes y Zarragón constituyen una fiesta popular y tradicional (14), con orígenes desconocidos, que viene celebrándose en Galve con ocasión de las fiestas patronales, actuando de complemento a la liturgia desarrollada en ella. El Grupo de Danzantes está formado por ocho bailadores –todos hombres- que junto al Zarragón llevan a cabo una serie de danzas y bailes ancestrales cuya significación última se ignora por completo, si bien se acepta que el primer y último fin es exonerar la fiesta religiosa que el tercer fin de semana de agosto se lleva a cabo en el pueblo.

Las danzas que, con escrupuloso celo, se han conservado en Galve son muchas y muy variadas. La fortuna del destino ha sido caprichosa y ha querido que el pueblo de Guadalajara, o uno de ellos, que con menor acierto ha sabido conservar la tradición tal y como antaño se practicaba, sea ahora uno de los grupos con un repertorio de danzas muy respetable, lo que le permite llevar a cabo actuaciones fuera del pueblo, es decir, lejos de su medio natural de celebración.

En Galve se han mantenido vivas danzas cuyos pasos ejecutan los danzantes sólo con castañuelas, con cintas o combinando ambas a la vez. No utilizan, como los danzantes de la Hermandad de la Hoz de Molina, espadas ni tampoco fajas, tal y como hacen los danzantes de la Hermandad del Santo Niño de Majaelrayo (15). A pesar de todo, en el catálogo de danzas de Galve prima (16) el paloteo, es decir, los danzantes van provistos cada uno de dos palos que entrechocan con los del compañero o entre sí. Este tipo de manifestación folclórica es muy frecuente en Castilla (17), aunque su propagación ocupa todo el marco geográfico de España. Danzantes similares a los de Galve, salvando las distancias, existen en todas las culturas que se dan cita en nuestro país. Los danzantes de Los Llamosos (Soria), Valverde de El Hierro (Canarias) y Belinchón (Cuenca) son sólo tres ejemplos, incuestionables muestras de la difusión de esta clase de bailes.

Por último, señalar también que a la hora de realizar un estudio sobre las danzas de Galve de Sorbe hay que tener muy en cuenta el largo periodo en que no se practicaron. Fruto de esta circunstancia es la pérdida de danzas y funciones que los danzantes ejercían antes del éxodo masivo a las grandes capitales durante los años sesenta de este siglo que acaba.

Habida cuenta de la exigüidad de trabajos publicados hasta la fecha acerca de tan enorme legado folclórico, conscientes de nuestra responsabilidad de dejar pública constancia de todo cuanto atañe a las danzas de Galve, escribimos las siguientes páginas con el fin de tributar rendida ofrenda a las personas, anónimos héroes, que han sabido guardar en su interior la tradición por excelencia de la villa de Galve de Sorbe y a todos los que, con admirable estima y pasión, han logrado rescatarla para enriquecimiento de todos y mayor gloria del pasado majestuoso del pueblo. La mejor forma de afrontar el futuro –por otra parte, muy poco halagüeño en los pueblos de la Sierra- es conociendo y rescatando los signos de épocas pretéritas.

“Las costumbres, las viejas modas, la gracia de aquellas leyendas tan peculiares e ingenuas que eran parte del alma de los pueblos, se fueron sin intención de volver a medida que la gente ha ido desapareciendo. Es posible aún cuando menos poner freno a esa velada catástrofe, enseña fatal de este tiempo nuestro, oxigenarla con el renacer de lo antiguo, con las viejas glorias y tesoros de los hombres de ayer para honra y deleite de los que ahora somos. Comenzar es un arte, perseverar, un mérito que bien vale la pena”.

José Serrano Belinchón. “Galve de Sorbe, a son de danza”. Nueva Alcarria, 20/XI/98.

 

 

 

 

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