RESEÑA HISTÓRICA DE LAS DANZAS DE GALVE
Resulta imposible precisar el origen de la tradición
de los danzantes de Galve. Ni en los fondos del Ayuntamiento de la villa
ni de la Diputación Provincial ni tampoco ningún particular
poseen documento alguno que certifique el cuándo, cómo y
por qué comenzaron a practicarse estos bailes. Isidoro Moreno Martín
(18) señaló, refiriéndose a los danzantes de Majaelrayo,
que “los ancianos del lugar recuerdan que oyeron decir siempre que
estas danzas databan de tiempo inmemorial”. Podríamos decir
lo mismo en el caso de Galve. Las personas mayores recuerdan que sus padres
y abuelos también bailaron, así que en estos saltos de generación
en generación, no supone gran esfuerzo pensar que la tradición
se remonta a tiempos muy lejanos. Nuestra función es, a pesar de
la escasez de documentos, precisar el origen de las danzas, y ello es
lo que intentamos a continuación.
4.1.- Origen desconocido
Para averiguar la fecha exacta en que comenzó
a realizarse este rito que es la ‘Danza’ de Galve es conveniente
traer a estas líneas el siguiente dato: durante todo este siglo
–exceptuando el periodo en que afectó al pueblo la despoblación
y los últimos años en que se ha trasladado la fecha de ejecución-
las danzas se han bailado el primer domingo de octubre, festividad de
la Virgen del Rosario (19). Coincide la fecha con el final de la recolección
del grano y es muy posible que los primitivos danzantes de Galve bailasen
como “acto de acción de gracias” por los frutos obtenidos
en este tiempo. Por tanto, eran los dioses paganos el “leitmotiv”
del ritual y quienes les honraban eran los danzantes y el Zarragón,
siempre junto a los músicos. “El folklore va íntimamente
unido a la historia de los pueblos. Por ello las danzas de Guadalajara
llevan reminiscencias ancestrales paganas, y herencia de su pasado celtibérico,
árabe...”. La frase de Aragonés Subero (20) engarza
perfectamente con el origen, mejor dicho, el posible origen de las danzas
de Galve. Herrera Casado (21) opina que la raíz celtíbera
y guerrera se encuentra en las danzas de Galve, igual que en las de Molina,
Valverde o Utande.
A nuestro parecer, en las danzas de Galve se dan citas
elementos evocadores de la cultura celtíbera y también árabe.
De la primera el paloteo galvito adopta la fecha de celebración
–primer domingo de octubre- y sirve de rito propiciatorio de alimentos
o de agradecimiento por éstos, muy habitual en aquella época;
además, la propia utilización de los palos es un símbolo
incuestionable, como señalaba Herrera Casado, de “raíz
celtíbera y guerrera”. De aquel rito, de aquella ceremonia
que inicialmente realizaban los antiguos pobladores de Galve, nació
la danza y la Fiesta religiosa y festiva que hoy tenemos la delicia de
disfrutar en la villa, para goce y deleite de los amantes del folklore
y de la historia de nuestro pueblo.
Por otra parte, las danzas de Galve, como dijera Aragonés,
van irremediablemente ligadas al pasado de la propia villa, y recuerdan
claramente el mundo árabe que se instaló en ésta.
Al igual que la provincia de Guadalajara, la que siglos después
sería villa condal de Galve fue durante muchos años feudo
de los árabes. El mismo nombre (22) de Galve certifica esta aseveración,
ya que es un topónimo con origen en un antropónimo árabe,
probablemente, de un popular guerrero. Si las danzas de Galve coinciden
y siguen una línea paralela a la historia del pueblo no sería
un disparate, ni siquiera un desatino, afirmar que aquéllas se
practican desde hace no menos de mil años, arriesgado dato sin
corroborar que de confirmarse, no haría más que engrosar
la trascendencia histórica de dichas danzas. Asimismo, el gorro
de “estilo moro” que corona el atuendo del Zarragón
es otra pieza, aunque secundaria, de reminiscencias árabes.
Los mayores del pueblo también ignoran la génesis
exacta de las danzas. Pascual Gordo, de quien tanto he aprendido en las
danzas, con quien comparto largas jornadas de dedicación a ellas
y a su definitivo restablecimiento, jubilado ya, siempre me dice que,
al no existir documento oficial alguno, jamás se logrará
matizar el origen exacto de las danzas. Él, como tantos otros en
el pueblo, las heredó de sus antepasados y así que vayan
ustedes contando cuantos años puede tener esta costumbre...
4.2.- Similitud con otros danzantes
de la provincia
El etnólogo J.R. López de los Mozos (23),
además de Isabel Sanz Boixareu (24) y Aragonés Subero (25)
aseguran que el origen del paloteo de Galve de Sorbe es el mismo que el
de Valverde de los Arroyos. No encuentro elementos suficientes que corroboren
este dato, pero tampoco que lo rectifique. Con las debidas reservas, me
inclino por apoyar finalmente esta tesitura. La similitud en numerosos
pasos y letras de algunas danzas, la cercanía geográfica
y el compartimiento de los gaiteros de Noviales en el segundo cuarto del
presente siglo son algunas de las concomitancias que han facilitado la
relación, que yo calificaría de estrecha, entre los danzantes
de Galve y los de Valverde (26).
Las fiestas no son un elemento estático, sino
más bien al contrario. Las tradiciones permiten relacionar los
pueblos que, cercanos en la geografía, también lo fueron
a lo largo de la historia por otros motivos. En este razonamiento nos
escudamos para sumarnos a la sentencia de que “hace siglos las costumbres
y devociones eran muy parecidas en toda nuestra provincia e incluso que
ha podido haber intercambio de las mismas de unos pueblos a otros”
(27). En este sentido, no podemos obviar los clarísimos paralelismos
que existen entre los danzantes de Galve y los de la localidad de Condemios
de Arriba, ya desaparecidos (28). El título y la letra de muchas
danzas, la semejanza en numerosos pasos, funciones y personajes ratifican
nuestra opinión. Llegados a este punto bien podríamos cuestionarnos,
habida cuenta de tan notorio parecido entre ambos paloteos, si el origen
de los dos es el mismo o es el de Galve el que procede de Condemios, o
viceversa. Incógnitas que difícilmente serán desveladas
algún día, pero que merecerían mayor estudio por
parte de etnólogos y folcloristas de la tierra.
4.3.- Cristianización de
las danzas
Como ya hemos determinado, el paloteo de Galve de Sorbe
se encuentra indefectiblemente unido a la religión católica.
El proceso de cristianización de la península insufló
la idiosincrasia católica a todo tipo de expresiones culturales
y artísticas, y las danzas de Galve no fueron una excepción.
El antiguo ceremonial, cuya idea motriz era agradecer la deidad de los
dioses paganos, fue adoptado, absorbido y transformado por el cristianismo
en una fiesta, plenamente imbuida de religiosidad, que tenía como
misión honrar a las diferentes advocaciones católicas, en
el caso de Galve, a la Patrona de la Villa, Ntra. Sra. de la Virgen del
Rosario. A este respecto, Pedro Aguilar (29) aporta una brillante deducción:
“La religión musulmana tenía un sólo Dios,
como la católica, y para desplazar el sentimiento religioso de
los habitantes de estas zonas, muchos de ellos convertidos a la religión
de Mahoma, era más fácil y efectivo adorar a una figura
femenina y exclusiva de los católicos. Es muy probable que los
viejos galvitos empezasen bailando en honor de la diosa tierra y del dios
cielo, para acabar haciéndolo en honor de la Virgen del Rosario
primero, y del Pinar después”.
Concluyendo con el tema del origen de las danzas, es
obvio constatar que si observamos en ellas reminiscencias del mundo pagano,
árabe y católico responde al hecho de que se vienen practicando
desde tiempos tan remotos como los anteriormente indicados. Ahora bien,
estas afirmaciones, que en el fondo no dejan de ser hipótesis producto
de la escasa documentación existente, ¿hasta qué
punto son ciertas o, al menos, creíbles? Además, si como
así parece las danzas de Galve son tan viejas, ¿por qué
no resta ni un sólo documento, papel, orden o cualquier otro tipo
de testimonio que acredite este largo pasado?
Es indispensable reseñar aquí un hecho
que a nuestro juicio es fundamental para entender la “idiosincrasia”
de las danzas galvitas. Por su situación geográfica (30),
Galve no es un pueblo aislado pero sí alejado de la dinámica
cultural que lejos de allí se desarrolla en otros puntos, incluso,
de la propia provincia. Este hecho, obviamente inamovible a lo largo de
los años, ha propiciado, mejor dicho, pudo desembocar en un pasado
lejano en la aparición de los danzantes de Galve. Es decir, que
sin eximir a sus danzas del ambiente, primero pagano, y después
cristiano yacente en su letra, música y trajes, es evidente que
los primeros galvitos comenzaron a bailar las danzas por puro entretenimiento
y las utilizaron de simple elemento festivo amortiguador de la abulia
cultural presente en el pueblo. Pero esta afirmación hay que matizarla.
No sería posible entenderla si no nos imaginamos cómo era
entonces, en aquella presumible época de creación de los
danzantes, el pueblo de Galve de Sorbe y, por otra parte, esta opinión
viene a contrastar un hecho irrefutable: las danzas se enmarcan en una
fiesta religiosa pero ello no es óbice para hallar en aquella un
componente profano muy significativo. No es que la función de los
danzantes de Galve pueda considerarse prosaica o banal, pero tampoco es
eminentemente católica como sucede con otras danzas guadalajareñas.
De la justa combinación de ambos componentes, católico y
profano, surge la Fiesta de los danzantes de Galve.
Abundando un poco más en este tema, es posible
encontrar una corroboración plena a la opinión vertida en
el anterior párrafo, en el ritmo, musicalidad y trajes de la ‘Danza’.
La intensidad y viveza de muchas danzas, los pasos fuertes, incluso bruscos
y atrevidos, pero en cualquier caso señal infalible de alegría
y fiesta, y el colorido de la vestimenta tanto de danzante como de Zarragón
son características propias en el paloteo de Galve que refuerzan
nuestra tesis sobre el ánimo profano que en él anida. Las
danzas de Galve, muchas de ellas, se alejan de la tranquilidad y solemnidad
de otros rituales para dar paso a la música fina y atractiva de
la dulzaina castellana que, junto a los movimientos recios, sistemáticos
pero repletos de vigor de los bailadores, conforman la Fiesta –con
mayúscula-, de unas danzas, no hay que olvidarlo, claramente marcadas
también por la influencia de la religión católica.
4.4.- Las danzas en el siglo XX
Ya hemos apuntado la exigüidad –lo correcto
sería decir nulidad- de documentos acerca de los danzantes de Galve.
Esto imposibilita trazar su historia año por año, ni siquiera,
siglo por siglo. Es por ello por lo que nuestro estudio experimenta este
salto cronológico.
Para relatar las evoluciones de los danzantes en el siglo
que acaba es imprescindible acudir a las palabras sabias, lúcidas,
brillantes y emotivas de los “más viejos” del lugar.
Ellos han sido los verdaderos protagonistas de la restauración
de las danzas de Galve en el calendario festivo de la provincia. A ellos,
a su memoria, se debe la reconstrucción de los pasos y músicas
de las danzas.
Hasta finales de los años sesenta (31), la tradicional
‘Danza’ de Galve estaba integrada por grupos de danzantes
de distintas edades. Se producía entre ellos cada cierto tiempo
un natural relevo generacional de tal manera que la tradición no
corría peligro. Reservada únicamente para varones, cualquier
hombre, chico o niño de Galve sabía bailar las danzas y
tocar las castañuelas. El grupo compuesto por los mayores era el
encargado de ejecutar las danzas durante los tres días que duraban
las fiestas patronales, celebradas el primer domingo de octubre. El relevo
en las diferentes formaciones de danzantes no era complicado ya que todos
crecían sabiendo estos bailes, y ello fortalecía su permanencia.
Los años sesenta fueron los años duros
de la despoblación en el mundo rural de Guadalajara. En busca de
mayor prosperidad, muchos galvitos emigraron a las grandes capitales,
con particularidad a Barcelona (32), y el pueblo se quedó casi
vacío, al ver mermado sustancialmente su censo de habitantes. A
pesar de que Galve fue una de las pocas poblaciones de la Sierra de Atienza
que con mayor fortaleza, yo diría también que fortuna, supo
resistir el azote de la despoblación (33), sus hijos no supieron
conservar el grupo de danzantes.
Así pues, la tradición dejó de practicarse
durante más de veinte años. En concreto, Galve ha estado
privado de sus danzantes desde finales de los años sesenta –los
mayores del pueblo no han conseguido precisar el año- hasta 1989.
Durante todo ese tiempo, los habitantes del lugar –y también
quienes abandonaron el pueblo- no olvidaron las danzas guardándolas
para fortuna del folklore local y provincial, con el objeto final de rescatarlas
cuando las condiciones económicas y sociales les fueran más
favorables.
Desde los años sesenta –y ya antes- la paralización
de la vida de los pueblos guadalajareños fue brutal. Esta iniquidad
con la que el fenómeno de la despoblación azotó la
vida cultural de nuestro medio rural originó la pérdida
temporal de tradiciones ancestrales que, hasta entonces, se habían
conservado con mayor o menor fidelidad. En Galve de Sorbe, como en muchos
otros puntos –con otras costumbres- de Guadalajara, hubo intentos
esporádicos de recuperación de los danzantes. Sin ir más
lejos, con la llegada al pueblo de la Sección Femenina (34) se
produjo un tímido resurgir de las danzas, si bien se aseguró
su pervivencia enseñando el paloteo a un grupo de chicas que las
exportaron a Guadalajara capital.
El 15 de agosto de 1989 un grupo de personas mayores,
veteranos danzantes que lo habían sido en sus años mozos,
salieron a las calles y plazas a bailar. No fue un intento serio y organizado,
sino una espontánea y puntual ocasión de revivir lo que
fue y dejó de ser esta tradición. El esfuerzo de estos hombres
mayores fue la semilla que fertilizaría en posteriores intentos
pero, sobre todo, fue el embrión que originó años
más tarde el Grupo de Danzantes actual y que facilitó el
rescate definitivo de una Fiesta con todo el esplendor de antaño.
De manera intermitente, desde 1989, estos hombres fueron danzando con
ocasión de las fiestas patronales del mes de agosto (35). En 1994,
tras dos años de ausencia de las danzas, resurgen de nuevo incorporándose
al grupo el primer joven; la tradición cobra un nuevo aire (36),
se produce un vuelco definitivo: el de la juventud. A partir de aquel
año, en Galve se entendía y comprendía que el futuro
de la ‘Danza’ pasaba por los jóvenes del pueblo, y
por tanto hacia ellos se trataría de acercar aquella. Numerosos
medios de comunicación se hicieron eco de tan feliz circunstancia,
puesto que en Galve no había jóvenes en sus danzantes desde
hacía treinta años. Se produjo en el pueblo una eclosión
festiva reseñable por cuanto toda esta euforia supuso un apoyo
y estímulo fundamental para futuras incorporaciones al grupo de
danzantes. Y así sucedió. Los mayores –el paso del
tiempo es inexorable- se veían incapaces para seguir bailando (37),
pero no para enseñar a los benjamines que completaron el grupo
en el año 1997. Era un hito histórico en la cultura popular
de la localidad (38).
A partir de entonces, los danzantes proyectaron una serie
de objetivos a cumplir próximamente, con el fin de consolidar la
tradición (39). El grupo se completó, como ya hemos señalado,
íntegramente por danzantes noveles y eso relanzó la tradición.
El Ayuntamiento financió nuevos atuendos y la Diputación
declaró los danzantes Fiesta de Interés Turístico
Provincial (40). Una utopía hace años hecha ahora felizmente
realidad.
El año 1998 fue el de la definitiva consolidación.
El grupo de danzantes, firmemente estable en el calendario festivo provincial,
recibió el respaldo de las instituciones –Ayuntamiento, Asociación
“el Castillo” de Galve y Diputación Provincial de Guadalajara-
y de las gentes de Galve de Sorbe. El grupo de ese año estuvo formado
por los siguientes jóvenes: Raúl Martín Sierra, Álvaro
Herrero Martínez, Javier Ayuso Hernández, Jorge Martín
Molleda, Sergio Herrero, Alberto Herrero Martínez, Roberto Martín
Molleda y Raúl Conde Suárez. El Zarragón fue Óscar
de Mur Ayuso y en reserva quedó Víctor de la Vega Ricote.
Los danzantes, junto a los dulzaineros, realizaron una extraordinaria
actuación (41) para las fiestas patronales de la villa y consiguieron
recuperar antiguas danzas, ya casi olvidadas, rescatadas milagrosamente
para su repertorio. Decíamos que este año del 98 (42) fue
muy importante porque, además de todo lo señalado anteriormente,
los danzantes de Galve actuaron dos veces en Guadalajara capital. Una
con motivo de las Ferias y Fiestas (43) en la Plaza Mayor de la ciudad
alcarreña ante más de mil personas y otra en el “I
Encuentro de danzas para el ritual festivo en la provincia de Guadalajara”
(44), organizado por la Escuela de Folklore Provincial y al que acudieron
otros seis grupos de danzas de la provincia.
Por último, tenemos que destacar un hecho excepcional
que difícilmente volverá a suceder. El segundo día
de la actuación en las fiestas de agosto y en la actuación
de las Ferias de Guadalajara, junto al grupo de danzantes noveles con
los nuevos trajes, bailaron también los danzantes mayores con la
vestimenta que hasta 1998 se venía utilizando. Toda una noticia
extraordinaria que supone la simbiosis perfecta de pasado, presente y
futuro en la ‘Danza’, el relevo generacional ya oficial en
Galve y la prosperidad de una tradición hasta hace bien poco casi
reservada al ostracismo.