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TRANSMISIÓN Y APRENDIZAJE

Es obvio decir que gracias al empeño de multitud de generaciones que transmitieron y transmiten la tradición ha sido posible la salvaguarda de la misma. Pero a la hora de efectuar esta transmisión, a lo largo de este siglo que acaba, se han producido notables obstáculos que han dificultado sobremanera su consecución. Es por ello por lo que es preciso discernir bien entre la transmisión que se llevaba a cabo antes del periodo de la despoblación y el posterior relevo generacional, mucho más traumático.

Distinto comportamiento experimentaban los danzantes ante las fiestas anteriores a los sesenta. Los danzantes mayores enseñaban a los jóvenes, y los ensayos se producían desde unos ocho días antes de la fiesta (73), aunque podía variar en función del número de danzarines nuevos. Se realizaban por la noche, cuando regresaban del trabajo. Los niños se juntaban para verles e ir aprendiendo, y estando en la escuela ya copiaban de los mayores (74). De este modo, la continuación de la tradición estaba garantizada, ya que en Galve existían tres o cuatro grupos de danzantes, pertenecientes a diferentes generaciones, si bien los “titulares” eran los de mayor edad. Todos aprendían las danzas y a medida que el tiempo transcurría, se producía la sustitución generacional correspondiente.

Hay que añadir que los danzantes de antaño ensayaban en el lugar más peculiar o en momentos que nosotros ahora consideramos insólitos. En las gentes de Galve existía una extraordinaria pasión por las danzas, y esto era patente, por ejemplo, en las labores cotidianas. Yendo o viniendo de las tareas del campo, los danzantes jóvenes y no tan jóvenes iban repicando las castañuelas para, de esta forma, aprender a tocarlas con mayor soltura. Así, pues, podemos afirmar que el ensayo, tanto con los palos como con las castañuelas, se producía constantemente y en lugares que ahora resultarían increíbles.

En la actualidad, muy lejos ya de la época de la emigración, pasados casi treinta años en que se dejaron de practicar, la recuperación, conservación y difusión de las danzas ha sido gracias a la intensa labor llevada a cabo por un grupo de antiguos danzantes y por la vigente formación de jóvenes. El grupo actual, previamente hemos señalado los nombres de sus componentes, está formado por jóvenes varones con ascendencia galvita que han aprendido en virtud del empeño puesto, fundamentalmente, por tres veteranos danzantes: Pascual Gordo Montero, José Herrero Montero y Emilio Muñoz Sierra. Les han ayudado esporádicamente otros antiguos danzantes, como Celedonio Sierra Martín, y distintas personas de la localidad.

Los ensayos previos a los dos días de actuación se realizan desde tres semanas antes de las fiestas, dando comienzos a principios del mes de agosto. Todos los ensayos se efectúan cada noche en la Sala de Actos del Ayuntamiento de Galve o en el Centro Social de la villa. En los últimos años, y gracias a la incorporación de los jóvenes, se ha notado una mayor afluencia de juventud a los entrenamientos. Durante este tiempo, los danzantes y quienes les han enseñado han tenido que realizar una dura tarea para que los jóvenes, exceptuando tres de ellos que ya habían danzado con los mayores en anteriores ocasiones, aprendieran con rapidez las casi veinte danzas que componen el repertorio.

La transmisión de los pasos que ejecutan los danzantes se ha logrado debido a la conservación de los mismos por los mayores de la localidad. Análoga situación ha ocurrido con la letra. En Galve han permanecido un número de danzas y bailes que son dignos de destacar habida cuenta de la alarmante pérdida ocurrida en otros pueblos. A pesar de todo, el rescate de estas danzas ha sido costoso y, sobre todo, progresivo, respondiendo a una evolución claramente diacrónica. Año tras año, sin prisa, pero sin pausa, se han ido recuperando viejas danzas, algunas de ellas casi olvidadas. Tal es el caso de piezas como “Los Hidalgos de Bustares”, el “Tero-Lero”, “Es, María, Pura y Bella”, “Las Cadenas” y, finalmente, “El Castillo”, en el que los danzantes de Galve realizan un ejercicio único y exclusivo de ellos, y que no practica ningún otro grupo de danzas de toda la provincia de Guadalajara. Los danzantes forman una torre humana que uno de ellos, con la ayuda de otros dos, habrá de salvar mediante un salto por encima de todos desplegando agilidad física, destreza y precisión, a la vez que mucho valor. “El Castillo” es una de las danzas más importantes recuperada para beneficio de nuestro grupo de danzas, y para el disfrute y placer de los entusiastas ciudadanos galvitos.

Es especialmente destacable la puesta en escena, después de treinta años, de la espectacular danza de “Las Cadenas”, quizás la pieza más querida y sin duda la más importante. Su ejecución consiste en la realización por parte de los danzantes de diferentes figuras y pasos de baile bajo un mismo ritmo de música, al tiempo que derrochan un gran esfuerzo físico siendo esta danza una de las más largas de todo el catálogo. Fue recuperada en las Fiestas Virgen del Pinar ‘98 por el grupo de danzantes noveles y supuso el reencuentro con una danza, símbolo costumbrista local, santo y seña en Galve de Sorbe.

Tras este arduo proceso de recuperación de tan añejas danzas, ahora el objetivo de los danzantes, siempre junto al grupo de veteranos, es indagar más en los recuerdos de los mayores del lugar para poder volver a bailar dos piezas, casi extinguidas: “Bocefón” y “Tantarantaina” (75).

 

 

 

 

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