ESPECIAL
PARQUES EÓLICOS EN LA SIERRA DE GUADALAJARA
Guadalajara es una provincia que soporta en su territorio
el riesgo derivado del mantenimiento de dos centrales nucleares. El
Gobierno regional y los grupos ecologistas han reiterado su petición
de cierre, especialmente de Zorita, en la que el asalto de un grupo
de activistas de Greenpeace en su zona exterior demostró la
inseguridad que rodea a este tipo de centrales tan peligrosas y nocivas
para la salud humana. Los pueblos, sin embargo, no reaccionan. Y los
ayuntamientos prefieren agarrar el dinero que perciben en concepto
de subvenciones y olvidar la razón que dicta el sentido común.
En los últimos tiempos, y a pesar de las trabas
burocráticas oficiales, algunos pueblos de Guadalajara tratan
de potenciar las energías denominadas alternativas o renovables.
Esto es: la solar y, sobre todo, la eólica. Empresas como Iberdrola
o Nec Micon están explotando ya algunos parques eólicos
en nuestra provincia, por ejemplo, el de Campisábalos, con
el impulso administrativo de la región y las corporaciones
locales, que atisban una gallina de huevos de oro para sus deprimidos
presupuestos municipales.
Desde el portal digital de Galve de Sorbe queremos aportar nuestra
opinión sobre el tema, porque creemos que merece la pena aprovechar
este espacio para reflexionar sobre aquello que afecta al progreso
y el bienestar de nuestra tierra. Guadalajara sabe muy bien la importancia
de generar energía (nuclear, hidroeléctrica, eólica,
solar, etc.), pero es preciso siempre aclarar el precio que todos
pagamos por cumplir con las previsiones de producción energética.
Recogemos a continuación cuatro artículos
publicados por Raúl Conde (raulconde@galvedesorbe.com) en el
periódico “Guadalajara Dos Mil” y en “Alcarria.com”.
El autor traza un análisis del desarrollo de la energía
eólica en la comarca del norte de la provincia y sus efectos
positivos y negativos, porque de todo hay en la viña del señor.
Los proyectos que se piensan instalar en Guadalajara, el impacto que
genera su ubicación en la zona de las Serranías y los
molinos de viento de Cantalojas son los tres temas básicos
de las siguientes líneas.
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Gigantes
de viento
Encaramos el mes de agosto con la seguridad de que
el vertedero nuclear de Trillo estará construido muy pronto
-ahí es nada- y con la buena nueva que supone la renuncia a
instalarse en Fuencemillán de una fábrica de neumáticos.
Ambas noticias, diferentes a fuer de antipáticas, coinciden
en levantar un tufillo algo rancio de esa Guadalajara tópica
de la que nadie parece acordarse, o lo que es peor, de la que sólo
se acuerdan para hablar de centrales nucleares, plantas de reciclado
o visitas estériles de ministros convertidos de forma coyuntural
en eximios conferenciantes.
Pero a lo que vamos. Aunque hay algunos paisanos
que se permiten llamar enemigos a los ecologistas, y teniendo en cuenta
que alguno de éstos puede llegar a poner nervioso a cualquiera,
yo prefiero dedicar ese calificativo a todos aquellos que se acercan
a nuestra tierra con intenciones digamos que dudosas. Sin ir más
lejos, los amigos ricos y poderosos de Iberdrola. Según contaba
Blanca Corrales en su reportaje publicado el pasado 13 de julio en
estas páginas, la empresa que preside el señor Iñigo
de Oriol pretende instalar siete parques eólicos en Guadalajara,
concretamente, en Aragoncillo, Sierra Caldereros, Matillas, Luzón-Anguita,
Sierra Bulejo y Sierra Menera I y II, en total, 342 aerogeneradores
de 850 kilowatios que producirán casi 300 megawatios. Eso,
contando con que va a ser esa misma compañía la que
ponga en funcionamiento los primeros molinos de viento de la provincia,
para ser precisos, en los secarrales ásperos y gélidos
de la sierra de Pela. La diferencia estriba en que los últimos
proyectos tienen que pasar la prueba del “Procedimiento de Impacto
Ambiental”, presentando la memoria de actividades para que en
un plazo de 20 días -justo en el paso de julio a agosto- se
aporten las sugerencias oportunas. Cierto es que después resta
concluir el periodo de alegaciones, pero ya hay que tener mala baba
para disponer esas fechas tan arduas y sofocantes.
Decir que uno está a favor de la energía
eólica es de Perogrullo. Así que, puestos en lo peor,
casi es preferible una recua de palos con aspas antes que seguir soportando
dos centrales nucleares. El sostenimiento del medio ambiente tiene
que ser compatible con el desarrollo de nuevos yacimientos energéticos
que, al mismo tiempo, disminuyan cualquier tipo de riesgo para las
personas y fomenten la creación de empleo. El Gobierno central
haría bien en asignar ya la capacidad de energía eólica
de la región, y la Junta de Comunidades a su vez la de nuestra
provincia. El Ejecutivo autonómico no puede permitir que ningún
gigante de viento hipoteque los paisajes de Guadalajara, sobretodo
cuando varios de ellos ostentan alguna declaración medioambiental.
Cuidado, pues, con los tendidos de evacuación, que pueden dar
más de un quebradero de cabeza. Sin embargo, no creo que nadie
en su sano juicio se oponga a la puesta en marcha de aerogeneradores
en zonas de la provincia que, a día de hoy, son totalmente
improductivas. Otro punto a favor de “los eólicos”
–como llaman a este nuevo fenómeno en algún pueblo
de la sierra- es la inyección de dinero fresco que supone para
los ayuntamientos agraciados. La Administración, como siempre,
y ésto es lo más temible, tiene la obligación
de equilibrar el negocio de los empresarios y la conservación
de nuestro entorno.
Los
eólicos
La prensa local, empantanada en cuestiones prosaicas
como el robo de siete jamones en Azuqueca o el congreso de panaderos
en Jadraque, ha solapado más de lo deseable una denuncia muy
sensata por parte de los castellanistas de Tierra Comunera. Este partido,
a través de su secretario en la agrupación Sierra Norte,
ha criticado la instalación de parques eólicos en “zonas
sensibles” de la provincia. La noticia salta a raíz de
que la Consejería de Industria decidiese paralizar la instalación
de aerogeneradores en Hijes y Somolinos, labor que estaba desarrollando
Iberdrola, empresa adjudicataria de la explotación del parque
eólico de la sierra.
Hace unos meses, la página web más
completa que trata de Guadalajara y sus cosas, Alcarria.com, inició
el debate sobre la conveniencia o no de la puesta en marcha de lo
que en mi pueblo llaman “los eólicos”, a secas.
Así que por ahí pululan sus partidarios y detractores,
los que miran el invento como un rayo de esperanza para el medio rural,
y los que piensan que el globo puede pincharse en cualquier momento.
No obstante, hay que reconocer que Tierra Comunera ha puesto el dedo
en la llaga creo que de manera definitiva. Los trabajadores que estaban
instalando las torretas en esos dos maravillosos pueblos semiabandonados
-tanto Hijes como Somolinos tienen el censo escuálido-, han
descubierto la farsa de una empresa que estaba operando sin proyecto
de construcción, al margen de que tampoco se le requirió
en su día la presentación de los informes de impacto
ambiental. Es como si Rayet o Hercesa construyeran sus urbanizaciones
sin licencia de obras. Algo intolerable, vamos. Rotundamente: hay
fraude por parte de la empresa, a la que le importa tres rábanos
el daño que pueda causar a Guadalajara; y negligencia impresentable
de la Junta de Comunidades, por permitir el desembarco de Iberdrola
en la Sierra de Pela antes de promulgar el decreto que regula el sector.
La gravedad del hecho aumenta porque pone en tela
de juicio el papel de la energía eólica y, por otra
parte, porque dispara las sospechas sobre el resto de proyectos que
tienen previsto instalar parques eólicos en Guadalajara. Los
ayuntamientos están encantados de recibir una lluvia de millones
y hasta el hostal de mi pueblo rebosa de alegría por tener
a todos los “currantes” alojados en sus habitaciones.
Pero la naturaleza frágil de las serranías, eso que
exhibimos con denuedo en las ferias de turismo, merece un tratamiento
más respetuoso de instituciones y particulares. Nadie en su
sano juicio se posicionará en contra de las energías
renovables, pero ni las centrales nucleares se pueden cerrar de sopetón,
ni tampoco es lícito plantar gigantes de viento allá
donde a cada uno le venga en gana. Algunos alcaldes pueden pensar
que la energía eólica es la gallina de los huevos de
oro, una especie de lámpara divina que va a solucionar las
carencias inversoras de sus exiguos presupuestos. Pero nada compensaría
las salvajadas de unos directivos sin escrúpulos. El parque
eólico de la sierra norte está parado, tristemente,
porque mal acaba lo que mal empieza. Quizá los chirimbolos
que producen energía del viento son un revulsivo para las comarcas
deprimidas. Quizá. Eso el tiempo se encargará de poner
a cada cosa en su sitio. Lo que está claro es que flaco favor
haremos a los pueblos de Guadalajara si permitimos que se negocie
con sus espacios naturales. Y digo yo, ¿no sería más
adecuada la planicie que rodea a la nacional II, desde Alcolea del
Pinar a Torija, para levantar los dichosos ‘eólicos’?
Los
molinos de Cantalojas
En medio de la incertidumbre por la paralización
de los parques eólicos de Hijes y Somolinos, los paladines
del progreso se han acordado de mi querido, vecino y fascinante pueblo
de Cantalojas. Fascinante no sólo por sus chicas guapas –que,
haberlas haylas-, sino por los chapuzones en el río Lillas,
los partidos de fútbol cuando éramos críos y
tantas cosas que justo aquí resultan inconfesables. Bueno,
a lo que iba que me marcho por los cerros de Sonsaz. El caso es que,
si el sentido común no lo arregla, las gentes de Cantalojas
y sus paisanos vamos a incluir en la estampa del pueblo, a las puertas
del macizo de Ayllón, una fabulosa recua de 21 molinos de viento.
Hacía tiempo que la Sierra no sufría una amenaza tan
peligrosa y sibilina.
El proyecto técnico ha superado ya el periodo
de información pública y el procedimiento de impacto
ambiental. Es una manera de decirlo porque, en realidad, muy pocos
conocían esos planes hasta que este periódico los ha
destapado. La Junta promulgó el 18 de mayo de 1999 el decreto
por el que se regula el aprovechamiento de la energía eólica
en la región. El Plan Estratégico coordina las actuaciones
de un mismo promotor con previsiones de realizar más de un
parque eólico, “y con el fin de conseguir el máximo
valor añadido de las inversiones sobre el tejido industrial
regional”. Parece que ha servido de poco. Siguiendo los cauces
legales, el parque de Cantalojas sólo necesita la autorización
administrativa para empezar a construir los chirimbolos. Nada más.
Así de fácil es explotar en Castilla-La Mancha las inmediaciones
de un parque natural. Sólo los ecologistas y los hosteleros
han puesto el grito en el cielo. El resto, calla. Y ojo al dato porque
la consejera del ramo, Araceli Muñoz, es de la tierra y sabe
con certeza que la zona afectada es un espacio protegido. O debería
saberlo, sobre todo porque lo ha reconocido su compañero de
partido, el delegado de Medio Ambiente.
La empresa que va a instalar el parque en Cantalojas
tiene concedidos dos más en Ciudad Real y uno en Toledo. Blanca
Corrales dice que sus dueños, fíjate tú por dónde,
tienen participaciones en el grupo de inversores del aeropuerto de
Ciudad Real y el complejo lúdico “El reino de Don Quijote”
(Guadalajara Dos Mil, 8-3-02). Soy incapaz de afirmar que el Gobierno
regional tiene un trato de favor con la sociedad adjudicataria de
los gigantes cantalojeños, entre otras cosas, porque no puedo
probarlo. Sin embargo, nadie me puede negar que, de materializarse
el proyecto, se estaría cometiendo un atentado inmisericorde
al patrimonio natural de todos. Ya dije en estas páginas que
lo peor de fomentar las energías renovables es el papel central
que ocupan las administraciones públicas. Los ayuntamientos
creen que los eólicos son la panacea; algo que no contamina,
que no ‘da guerra’ y encima aumenta el presupuesto. Puede
que guiados por la bondad, pero lo cierto es que muchos alcaldes actúan
de forma irresponsable, negligente. Ahí es cuando debería
aparecer la Junta para procurar la conservación del entorno.
Guardo un recorte de prensa de “La Verdad” de Albacete,
en el que se afirma que Castilla-La Mancha será la comunidad
autónoma que mayor energía eólica producirá
en el plazo de un par de años. Cantalojas es la enésima
víctima de esa voracidad. La clave del problema reside –pienso-
en no sacrificar la naturaleza a costa de inflar los dividendos de
cuatro firmas. ¡Mira que soy ingenuo!
GUADALAJARA DOS MIL
16 noviembre 2002
Los renglones
torcidos de Eolo
Reportaje sobre los
problemas que está creando la implantación de la energía
eólica en Guadalajara, sobre todo a raíz de la creación
de varias plataformas de protesta en nuestras sierras.
Raúl Conde
16/11/02
La implantación de la energía eólica
está suscitando un debate profundo en la sociedad de Guadalajara.
Las bondades de esta energía renovable chocan con los problemas
medio ambientales creados por la ubicación de los aerogeneradores.
En la provincia de Guadalajara funciona el parque eólico de
Campisábalos y se han solicitado cerca de veinte más,
entre ellos algunos conflictivos como el de la Sierra de Pela, Labros,
Sierra Caldereros y Horna. En las últimas semanas se han intensificado
las protestas con la creación de plataformas y la admisión
de una queja por parte del Defensor del Pueblo. La mayoría
de implicados se muestran partidarios de la energía eólica.
Pero no a cualquier precio. No a costa de dañar la avifauna
y de sacrificar el paisaje con postes de una altura equivalente a
más de 30 pisos, con redes de alta tensión y con la
construcción de infraestructuras en los alrededores de espacios
protegidos. Las empresas sopesan la rentabilidad del negocio. La Junta
de Castilla-La Mancha dilata la aprobación de proyectos.
Después de quinientos años, la estampa
ha cambiado. Si el viajero aborda la Sierra de Guadalajara por la
carretera de Cogolludo, comprobará que la imagen del castillo
de Galve tiene un fondo nuevo. No son árboles ni formaciones
geológicas recientes. Se trata de decenas de aerogeneradores
que degradan el paisaje al tiempo que nutren el presupuesto del Ayuntamiento
de Campisábalos, término municipal en el que se ubica
el primer parque eólico que ha empezado a funcionar en la provincia.
“El daño es ya irreversible”, se lamenta un vecino
de la comarca. “Nos ha tocado la lotería con los millones
que van a caer”, exclaman desde el consistorio.
La
energía producida por la acción del viento provoca visiones
antagónicas entre los afectados. La polémica se ha instalado
incluso hasta en la nomenclatura. ¿De qué hablamos?
¿Parques eólicos o polígonos de electricidad?.
Probablemente ambas cosas. La percepción social de esta energía,
en una provincia que soporta dos nucleares y centrales hidroeléctricas,
es relativamente buena. Pero cada vez preocupa más. Las empresas
ven cómo varias poblaciones rechazan frontalmente algunos de
sus proyectos. Marco Antonio Nieto, portavoz de la asociación
ecologista DALMA, es muy crítico con los pasos que se están
dando: “Desde un punto de vista técnico, el gran problema
del desarrollo de la energía eólica en Guadalajara es
que se está haciendo a ciegas. Por mucho que se cumplan los
trámites burocráticos, no se está realizando
un estudio real de impacto ambiental. Se cumple el formalismo de contratar
una empresa cualquiera, generalmente la más barata y se le
encarga hacer un estudio. En realidad, todos los que he leído
yo son una soberana porquería. El 90% de la información
son recopilaciones bibliográficas y no se tiene un conocimiento
real, por ejemplo, sobre las consecuencias que va a tener en la fauna
y la flora, sobre el suelo”.
Los partidarios de la energía eólica
(fabricantes, promotores y ayuntamientos, sobre todo) enfatizan sus
ventajas: es gratis, limpia –ya que no genera residuos-, es
continuamente renovable y tiene una amplia distribución territorial.
En el término municipal de Maranchón, incluidos los
núcleos de Balbacil y Clares, está prevista la instalación
de 80 o 90 molinos de viento, que es como popularmente se conocen
los aerogeneradores. Alberto Lozano García, alcalde de Maranchón,
defiende la energía eólica como la última esperanza
para los pueblos que por no tener no tienen ni turismo. “En
mi pueblo no hay pista deportiva, el centro médico y la escuela
están fatal. Con el dinero de los eólicos podremos crear
infraestructuras, mejorar la calidad de vida de la gente”. Asevera
el alcalde que ya han recogido más de 3.000 firmas apoyando
la instalación de torretas. Y arremete contra los ecologistas:
“Me parecen incomprensibles sus protestas y las plataformas.
Son los veraneantes los que montan esto, aunque después vienen
a los alcaldes a quejarse por el estado del pueblo”. En Maranchón,
según el edil, se van a crear cuatro puestos de trabajo directos,
dos por cada parque. Y el dinero: un millón de pesetas por
molino al año, 100 millones de pesetas por la instalación,
además del IAE y el impuesto de obras. En total, 60 millones
de pesetas anuales.
Faltan estudios de impacto
ambiental
Los ecologistas vienen planteando desde hace décadas
la necesidad de modificar el modelo energético basado en los
combustibles fósiles, como el carbón, el petróleo
y el gas natural. El desarrollo de la energía eólica
ha superado con creces las expectativas. Hasta el punto que parece
que ahora son las firmas comerciales las que abanderan la apuesta
por las fuentes renovables, sobretodo a raíz del protocolo
de Kioto. De entre todas las alternativas, la energía eólica
presenta una estructura tecnológica idónea para el negocio
empresarial y, al mismo tiempo, permite argumentar un discurso ecológico.
“Nosotros también defendemos este tipo de energía
–recalca Nieto-, pero denunciamos lo mal que se está
planteando y, en el caso concreto de Castilla-La Mancha, la violación
flagrante de la Ley de Conservación, que contempla el efecto
conjunto de todos los parques eólicos, y no sólo uno
por uno”.
La energía del dios Eolo engloba a vecinos,
ayuntamientos, promotores, fabricantes, agricultores, propietarios
de tierras, montañeros y ecologistas. Todo un magma en el que
se concentran demasiados intereses crematísticos. Existen 18
parques eólicos solicitados en Guadalajara por distintas empresas,
aunque se lleva la palma Iberdrola. Los técnicos de Agricultura
y Medio Ambiente han hecho su trabajo de la mejor forma posible, aunque
quizá, apunta DALMA, “no tienen la base de datos necesaria
para poder evaluar correctamente el impacto de las estaciones eólicas.
Por ejemplo, se desconocen las rutas migradoras de las aves, no hay
un estudio serio que certifique que por aquél collado bajan
las grullas a descansar a la laguna de Beleña”. La Consejería
de Industria y Trabajo publicó el 18 de mayo de 1999 el decreto
(58/199) por el que se regula el aprovechamiento de la energía
eólica en la comunidad de Castilla-La Mancha. La normativa
establece la figura del Plan Eólico Estratégico, “para
coordinar todas las actuaciones de un mismo promotor, con previsiones
de realizar más de un parque eólico, y con el fin de
conseguir el máximo valor añadido de las inversiones
sobre el tejido industrial regional”, según recoge el
texto. “Todo papel mojado. Se está dando el visto bueno
a parques eólicos sin haber aprobado antes los tendidos eléctricos,
sin presentar los planos de caminos”, concluye el portavoz de
DALMA.
Después de emitir los informes desde la Delegación
de la Junta en la capital alcarreña, ahora el siguiente paso
es esperar el veredicto de Industria en Toledo, el tan cacareado procedimiento
de impacto ambiental, y la definitiva ejecución de los proyectos
por parte de los promotores. Entre medias, las elecciones autonómicas
del próximo año y la posibilidad de que el Ministerio
de Economía elimine las subvenciones que obtienen las empresas
por desarrollar proyectos de energías renovables. Quizá
los eólicos, en ese caso, ya no sean tan rentables.
Plataformas de protesta
En las últimas semanas, las protestas por
la instalación de parques eólicos ha aumentado de forma
considerable en Guadalajara. Incluso se han creado cuatro plataformas
de reivindicación. Es el caso de las Sierras de Sigüenza
y el Alto Henares (PSSAH), formada por casi 300 miembros. Han sido
capaces de recoger más de 1.000 firmas en contra de la central
eólica de Horna que, unida a la de Bujarrabal y la del “Chaparro”,
en el término de Estriégana, acabaría rodeando
todo el valle y ahogándolo de muerte. “El impacto es
descomunal por el fuerte desnivel de las sierras que llega hasta los
100 metros”, explica Julio Álvarez, del departamento
de Biología Vegetal de la Universidad de Alcalá y vecino
de Sigüenza. La plataforma avala la presentación de alegaciones
particulares y por asociaciones al parque eólico de Horna y
la línea de alta tensión Sierra Bulejo-Fuentes de la
Alcarria-Maranchón. El alcalde de esta última localidad
asegura que “los tendidos serán subterráneos,
no afectarán tanto como dicen. Hay muchas líneas, por
una más...”
Los responsables de la plataforma solicitan información
a los organismos oficiales, y defienden que se evite “la transformación
drástica de la comarca del Alto Henares por los previsibles
efectos negativos de la industria eólica sobre el medio ambiente
y el medio socioeconómico”. Demandan la revisión
de los planes presentados y que el trazado de líneas de alta
tensión se ajuste a corredores que, en unos casos, coincidan
con líneas eléctricas existentes (grandes carreteras,
ferrocarriles, etc.) y, en otros, con zonas de escaso impacto humano,
animal y paisajístico. También solicitan una entrevista
con Octavio Puertas, alcalde de Sigüenza, y una posición
nítida de este ayuntamiento con respecto a la energía
eólica.
Siguiendo el mapa provincial, de cumplirse los proyectos elaborados,
todas las sierras del norte quedarán literalmente masacradas
por los diversos parques eólicos. Desde el de Cantalojas hasta
el otro extremo de la comarca, pasando por Campisábalos -que
ya está en marcha porque se inició antes de aprobarse
el decreto regulador-, Somolinos, Hijes, Miedes de Atienza y los de
Sigüenza. Esta fijación por zonas deprimidas no es casual.
El precio del suelo en tierras baldías es mucho más
barato, sin ir más lejos, que los llanos de Torija, que son
terrenos agrícolas de cereales. Marco A. Nieto (DALMA): “Esto
es un gran negocio económico. Tienen ayudas de Europa para
hacer parques eólicos y los bancos y cajas proporcionan financiación
porque las curvas de amortización son de cinco años.
La burbuja eólica un día estallará. La gente
habrá ganado dinero y los parques ahí se quedarán”.
Cantalojas, Labros y Sierra
Caldereros
Hay casos que son de juzgado de guardia. La noticia
la servía Blanca Corrales en “Guadalajara Dos Mil”
en marzo pasado: CANTALOJAS quiere albergar un parque eólico
con 21 aerogeneradores. Se situaría en el cerro de la Tonda,
encima del pueblo, a 3 kilómetros del Parque Natural del Hayedo
de Tejera Negra (más de 20.000 visitantes el último
año) y justo en el límite del PORN de la Sierra de Ayllón.
El alcalde de Cantalojas, Ángel Moreno Crespo, asegura que
“el cien por cien de los vecinos del pueblo están a favor
de esta instalación”. Sin embargo, colectivos de Guadalajara
y Soria han levantado la voz de alarma. La asociación ARTESA
formuló el pasado 26 de febrero unas alegaciones “contra
la situación del parque eólico que se pretende ubicar
en los parajes de Peñas Pardas, Taina de la Manolilla, Sentada
del Hocino y Alto del Cerro (monte situado sobre El Castillejo)”.
En una nota informativa emitida el 12 de octubre, esta asociación
informa que la Consultoría Ambiental Castilla 99 contestó
y rechazó a finales de julio las alegaciones presentadas, y
subraya que las expectativas del ayuntamiento de Cantalojas “se
ven truncadas por un gobierno autonómico de su mismo signo
político y no por nuestra intervención”.
Otro foco de protesta en Guadalajara se centra en
el municipio de LABROS. Iberdrola quiere instalar en las cumbres de
los alrededores 44 molinos de viento de 850 Kw. y una altura de 55
metros, una subestación y 17 kilómetros de línea
aérea de alta tensión. El rechazo a este parque es tal
en Labros que más de 100 propietarios han interpuesto alegaciones
y se han recogido 1.600 firmas de apoyo. Sentando un precedente importante,
el Defensor del Pueblo ha admitido la queja del colectivo, “al
entender que reúne los requisitos establecidos en el artículo
54 de la Constitución”. Andrés Berlanga Agudo,
uno de sus representantes, denuncia el impacto ambiental que provocaría
el parque en las sabinas centenarias y en especies protegidas como
la alondra de Dupont. “Estamos hablando de un bosque sólo
comparable en Europa a otros tres o cuatro. La gente acude al pueblo
desde todos sus lugares de residencia (Madrid, Barcelona, Valencia,
etc.) para defender un patrimonio que es de todos. Incluso el informe
de la empresa es negativo”. Antonio Navarro Aranda, director
gerente de Iberdrola Energías Renovables, en un escrito de
réplica a las alegaciones, reconoce, literalmente, que “se
producirá una alteración sobre las formaciones vegetales
existentes en la zona”.
La SIERRA CALDEREROS también planta cara
a las eléctricas, concretamente, a Iberdrola y Unión
Fenosa, que pretenden instalar en dos parques más de 100 aerogeneradores,
afectando a los términos de Molina de Aragón, Cubillejo
de la Sierra, Cubillejo del Sitio, Castellar de la Muela, Campillo
de Dueñas, Hombrados, El Pobo de Dueñas y Anchuela del
Pedregal. Las alegaciones certifican el rechazo total a la estación
eólica “Caldereros”, que atentaría contra
los dos “pasillos migratorios de aves de importancia internacional,
su interacción con los pastizales y cultivos de alta montaña,
humedales colindantes donde se alimentan grullas, avutardas y anátidas,
su cercanía a la laguna de Gallocanta (...) y a cuatro yacimientos
de Interés Histórico-Artístico. Y a los pies
de la Sierra hay innumerables monumentos que serán directamente
afectados visual y sonoramente como los Castillos de Zafra”.
Diferentes ayuntamientos y colectivos apoyan las protestas encabezadas
por la Asociación de Ecologistas Zafra y la Asociación
Cultural “Sierra de Caldereros”, cuyo presidente, Carlos
Sanz Establés, afirma que “se dañaría seriamente
una sierra de gran riqueza cinegética, a su fauna y flora y
las formaciones geológicas. No se puede hacer lo que se quiera
en contra del turismo rural y de la naturaleza virgen. Estamos dispuestos
a llegar incluso a los tribunales”.
APUNTES
Castilla-La Mancha, potencia eólica
Europa produce 40 billones de kilovatio/hora de
electricidad al año gracias a los más de 17.000 MW instalados
con tecnología eólica. España es la segunda potencia
europea, sólo por detrás de Alemania. A 31 de diciembre
de 2001, según datos de la Asociación de Productores
de Energías Renovables-APPA, el parque eólico español
era de 3.337 MW de potencia instalada. Galicia continúa siendo
líder con una potencia de 973 MW, que representa el 29,1% del
total de la instalada en España. Le siguen Navarra (17,9%)
y Castilla-La Mancha, que produce el 15% y ha experimentado el mayor
aumento en el ámbito estatal. La Asociación de Promotores
de Energía Eólica de Castilla-La Mancha (Aprecam) tiene
previsto poner en marcha de aquí al año 2010 un total
de 101 nuevos parques eólicos en esta región, con una
inversión de más de 3.600 millones de euros. La Unión
Europea y la normativa española marcan como objetivo que de
aquí ocho años el 12% de la energía producida
debe proceder del sector eólico, aunque son las comunidades
autónomas las que se encargarán de ejecutar este compromiso.
El vicepresidente de Aprecam, Teodoro Monzón, declaró
a la prensa recientemente que la mayoría de las estaciones
nuevas se instalarán en Albacete, Cuenca y Guadalajara: “las
características del viento en Castilla-La Mancha hacen que
éste no sea un negocio maravilloso, que es la percepción
que se tiene en muchos sectores de la sociedad”. Si se cumplen
las previsiones, la región sobrepasará los 2.500 MW.
Comisiones Obreras (CC.OO.) aporta datos: la cantidad invertida en
el desarrollo de la energía eólica en nuestra tierra
supera los 5.000 millones de pesetas, habiéndose creado más
de 1.700 puestos de trabajo directos e inducidos, de los cuales el
85% se concentra en la provincia de Albacete.
La Junta y las empresas
se lo piensan
Un folleto de Ecologistas en Acción define
la energía eólica como “una manifestación
terciaria de la energía solar: el sol calienta distintamente
la superficie de la Tierra, produciendo diferencias de presión
en el aire y estableciendo, consecuentemente, movimientos de éste.
Los aerogeneradores captan la energía cinética de esta
corriente de aire transformándola en último extremo
en electricidad”. Los movimientos conservacionistas defienden
esta fuente alternativa en contraposición con otras que contienen,
por ejemplo, residuos radiactivos. Pero, ¿y las empresas? ¿cuál
es su postura actual con respecto a un tipo de energía ignorada
hasta hace cuatro días?
El desarrollo de la energía eólica
es espectacular comparado con el resto de fuentes alternativas. Antonio
Crespo Martínez, catedrático de Mecánica de Fluidos
de la Universidad Politécnica de Madrid, apunta como causas
a este crecimiento las exigencias de la Unión Europea (para
el 2010 el 22% de toda la energía eléctrica producida
debe ser de origen renovable) y, en el caso de España, la aplicación
“a cada energía renovable de una prima respecto al precio
del kilovatio/hora que marca el mercado eléctrico” (La
Vanguardia, 3-9-2002).
Pero las subvenciones se pueden acabar. La agencia
Reuters despachaba el 22 de octubre las palabras del secretario de
Estado de Energía, José Folgado, en las que apuntaba
“la posibilidad de cambiar el sistema de incentivos que existe
para las energías renovables de forma que sea el propio mercado,
ya suficientemente maduro, el que remunere la energía verde”.
En la provincia de Guadalajara la mayoría de los 18 parques
eólicos solicitados en 2002 han agotado el plazo de alegaciones
y de información pública que recoge la ley. La dirección
de Calidad Ambiental de la Junta de Comunidades sólo se ha
manifestado en uno de los expedientes, emitiendo un informe negativo
sobre el parque eólico que afecta a los términos de
Miedes de Atienza y Bañuelos, en la Sierra de Pela. El resto
de proyectos espera su turno para ser resueltos por la Consejería
de Industria. Un portavoz de Energías Renovables de Iberdrola,
en declaraciones a este periodista, recuerda que han adquirido los
compromisos necesarios para que el impacto sea el menor posible: “garantizamos
que todos los pueblos van a tener las máximas ventajas medioambientales
y económicas. Aunque el Gobierno elimine las subvenciones,
vamos a seguir apostando por las energías alternativas”.
Declaraciones de Julio
Álvarez Jiménez, profesor de Biología Vegetal
de la Universidad de Alcalá y vecino de Sigüenza
“Hablamos de un proceso de industrialización
de las sierras porque se van a convertir muchos kilómetros
de sierra en centrales de producción energética, por
tanto, se trata de un proceso masivo. La imagen que transmiten las
empresas es de algo muy bonito, aerogeneradores de energía
limpia, pero lo que conlleva de infraestructura corresponde a un desarrollo
industrial. La recalificación de terrenos, en la práctica,
es de suelo industrial: muchos metros de diámetro, con plataformas
muy amplias, excavación de caminos... Se trata de un proceso
suicida: el dinero que llegue a los ayuntamientos será, en
la práctica, la venta de su principal activo (su naturaleza
y su paisaje) por cuatro perras que, muy probablemente, en el mejor
de los casos servirán para arreglar calles o construir frontones
para una población menguante y una economía herida de
muerte, a pesar de las posibles apariencias externas”
“En el caso de Sigüenza, que es de donde
soy vecino, los parques eólicos afectarán muy negativamente
y no sólo al turismo. Está proliferando en la zona un
tipo de desarrollo muy completo. La población global del municipio
de Sigüenza no deja de disminuir desde los años 70, pero
las pedanías han aumentado su censo en los últimos años
gracias a la llegada de artesanos, diseñadores, artistas, profesionales
libres en general, albañiles y carpinteros (que viven de este
nuevo resurgir) y hasta agricultores jóvenes que deciden continuar
la tarea de sus padres. Es gente que le gusta el campo, que se compra
una casita, la arregla con un gusto exquisito y se instala, lo cual
dinamiza la zona. Cuando aquello se inunde de eólicos, este
tipo de personas no elegirá la zona para su residencia. Pierde
el turismo, es evidente, y pierde la comarca en potencial humano”.
“Lo fundamental es la ubicación. Es
un crimen sacrificar las sierras para producir energía del
viento. La energía eólica no nos va a solucionar el
problema energético, no da para tanto. Habría que buscar
lugares que no fueran tan sensibles, en Guadalajara en la autovía
u otras zonas agrícolas, algunos llanos de la Alcarria, aunque
el problema sería el potencial eólico de esas comarcas.
Europa dice que se instalen energías renovables, pero no sólo
la eólica. ¿Por qué tanta prisa con ésta
y no con la energía de la biomasa, que además beneficiaría
mucho más al medio rural? Sería bueno también
sustituir los usos eléctricos por usos térmicos directos,
fomentar la instalación de placas solares térmicas para
la producción de agua caliente. Es una tecnología muy
sencilla y que se podría extender con un simple decreto. En
Barcelona ya se está haciendo”.
“En nuestro país, como siempre, se
prefiere copiar una tecnología que funciona en Alemania y Dinamarca,
que es latitud 46º norte. España, 40º norte, por
tanto, aquí no se cumplen las previsiones de producción
eólica. El presidente de Castilla-La Mancha ha dicho que quiere
instalar 4.000 MW. Pues a lo mejor habría que instalar menos,
porque no merece la pena tanto. Hay que decir que la potencia instalada
no es la energía producida, muchas veces esto se confunde gravemente.
1 MW de potencia eólica produce 2 GW/hora de energía
al año. Mientras que 1 MW de energía nuclear produce
8 GW. Con eso se está jugando mucho”.
“La idea de “huella ecológica”
de una gran ciudad es importante. Si ahora mismo sustituyésemos
la central de Trillo, lo cual es inviable, por centrales eléctricas
eólicas, la expansión territorial sería infinitamente
mayor, con lo que supone de líneas eléctricas nuevas
y de ineficacia en el transporte de la electricidad, al estar mucho
más dispersa. En términos territoriales, el efecto de
lo que va a importar la ciudad es mayor. La energía eólica
tiene sentido a escala pequeña, que es lo que lleva defendiendo
el movimiento ecologista desde los años 70, y que ahora han
tergiversado. Para un país como España, cuyo consumo
energético crece cada año un 3%, y que hasta el 2010
aumentará un 30%, ¿qué supone un 2% de producción
eólica?”
“Hay tres situaciones posibles. Primera, un
ayuntamiento que no disponga de recursos y una ubicación en
la que la instalación de aerogeneradores no interfiera con
ningún desarrollo imaginable, en ese caso, la energía
eólica puede ser una opción a aquella falta de recursos;
siempre teniendo en cuenta la cuantía del beneficio económico
por central o por aeroturbina y las cuestiones ambientales. Segunda,
un ayuntamiento cuya población disponga de recursos y una ubicación
en la que la instalación de aerogeneradores no interfiera con
esos recursos, en ese caso, la energía eólica puede
ser un complemento a la economía local ya existente. Y tercera,
un municipio que disponga de un recurso preeminente y una ubicación
que afecte significativamente a ese recurso. El caso típico
sería aquél en el que la instalación de centrales
eólicas chocase con un desarrollo turístico o de otro
tipo que se fundamente en la riqueza natural o paisajística:
las comarcas de la Sierra Norte y del Señorío de Molina”.
Raúl
Conde Suárez
Página de Castilla-La Mancha (Ecologistas en Acción)
LA CRONICA DE GUADALAJARA
10 de diciembre de 2002
MEDIO AMBIENTE
El "puente"
sirvió en Sigüenza para protestar contra los parques eólicos
Durante los pasados días 7 y 8 la
Plataforma de las Sierras de Sigüenza y del Alto Henares ha vuelto
a salir a la calle para informar a la población de la comarca
seguntina acerca de los proyectos eólicos previstos en la zona
Para esta ocasión, la Plataforma ha confeccionado una maqueta
en la que se han representado los distintos parques eólicos
y líneas de alta tensión que se proyectan en la comarca
de Sigüenza. Los promotores de la idea consideran que la maqueta
ha resultado ser un gran éxito, a decir de los numerosos ciudadanos
que se acercaron a verla, muchos de los cuáles se han mostrado
sorprendidos e indignados ante la magnitud de la actuación
eólica que se pretende en la zona: ya hay ocho parques eólicos
con proyecto en firme que afectan al término de Sigüenza,
quince si se consideran términos limítrofes como los
de Saúca, Alcolea del Pinar, Estriégana, Paredes de
Sigüenza, Tordelrábano, Cincovillas, Baides, etc.
Los responsables de la protesta consideran, además,
que las zonas de prospección eólica que afectan a la
comarca pueden albergar aún más parques que los citados.
"Que hay intención de aumentar el número proyectado
hasta ahora se demuestra por la existencia de torretas anemométricas
en distintos puntos no pertenecientes a los lugares hasta ahora afectados
por los proyectos ya planteados", aseguran en un comunicado de
prensa.
En
conjunto, el término municipal de Sigüenza es el que más
proyectos eólicos acumula de toda Guadalajara, lo cual contrasta
con el hecho de que el municipio cuente con el mayor número
de establecimientos de hostelería rural y con la mayor inversión
de fondos LEADER dedicados a proyectos sobre turismo de la provincia,
así con una proporción de población ocupada en
el sector terciario que está entre las más altas de
toda Castilla-La Mancha.
Como resultado de esta actividad en la calle del
pasado puente, se han recogido nuevas firmas contra las centrales
eólicas en estado más avanzado de tramitación,
como las de "Horna", "Sierra Ministra" y "Mirabueno",
con lo que el total de firmas recogidas ya asciende a 1.337 (contra
los parques), así como a 991 contra la línea de alta
tensión de evacuación general (línea Sª
Bulejo-Maranchón-Ftes. de la Alcarria). Además, ya se
han entregado en la Delegación de Agricultura y Medio Ambiente,
con copia en Industria y en la Dirección General del Calidad
Ambiental, 426 alegaciones personales al parque de Horna, 116 a los
parques de Sierra Ministra y Mirabueno y 301 contra la citada línea
de alta tensión de evacuación.
El número de miembros de la plataforma asciende
hasta el momento a casi 500, según los propios promotores,
que dan la siguiente composición: el 90 %, vecinos del municipio
de Sigüenza o residentes temporales (fines de semana + periodos
vacacionales) con casa y arraigo en el municipio (familia, etc); el
10 % restante, visitantes asiduos de la comarca (sin casa en el municipio).
En la Plataforma están representados todos los sectores productivos
de la comarca, incluido muy especialmente el sector terciario y, en
particular, la hostelería, la cual ha manifestado unánimemente
su oposición a los parques eólicos y a todas las infraestructuras
eléctricas asociadas.
Aprueban dos parques eólicos
en Cuenca y deniegan otro
Mientras la oposición a los molinos de viento
se redobla en Guadalajara, la Comisión Provincial de Urbanismo
de Cuenca ha otorgado, en su última reunión, la calificación
urbanística que hará posible la instalación de
dos nuevos parques eólicos en los municipios de Sisante y Tébar,
bajo las denominaciones “Cuesta Colorada” y “Cerro
del Palo I”. La Comisión ha denegado, sin embargo, un
tercer parque, que estaría ubicado en Sisante y Vara de Rey,
por no ser viable desde el punto de vista medioambiental
redaccion@lacronica.net
GUADALAJARA DOS MIL
17 de diciembre de 2002
La burbuja
eólica se desinfla
Raúl Conde Suárez
raulconde@galvedesorbe.com
Hace
dos años, cuando empezaban a conocerse los proyectos de las
empresas eléctricas en Guadalajara en materia de parques eólicos,
los alcaldes y propietarios se frotaban las manos haciendo las cuentas
de la lechera. Las firmas comerciales prometían extraordinarias
cantidades de dinero. Más de un millón de pesetas por
molino y año, se escribió. (Ahora sólo llegan
a las trescientas mil, y gracias). En muchos pueblos la pregunta era
reiterativa: “¿Qué, nos tocará algo?”.
Todos querían sacar tajada en un entramado administrativo y
empresarial bastante revuelto y poco transparente. Y hete aquí
que, pasado un tiempo, la gallina de los huevos de oro, la burbuja
eólica, comienza a mostrar sus primeros pero importantes síntomas
de desplome.
Las
razones esgrimidas por los ecologistas –no sólo el impacto
visual, recordemos- comienzan a imponerse. Julio Álvarez, profesor
en la Universidad de Alcalá: “Aunque pusiéramos
molinos de viento por toda España, sin dejar un mínimo
hueco, no se solucionaría el problema de la demanda energética”.
Entonces, ¿por qué tanto empeño en su desarrollo?
Es evidente y lo hemos explicado desde estas mismas páginas:
por los intereses empresariales, la suculenta rentabilidad económica
que produce a corto plazo y las primas que concede la administración.
Una persona muy entendida en estas lides, cuyo nombre solaparé
por su propio bien, me aseguraba que Iberdrola financió gran
parte de la campaña electoral de Bono. De ahí –cabe
deducir- la fijación de la Junta de Comunidades en fomentar
la energía eólica. El Gobierno regional calla sobre
un asunto que, según un alto cargo de la delegación
alcarreña de Medio Ambiente, se considera especialmente delicado.
“Habla con Mariano [el delegado]”. Y Mariano debe andar
de viaje, o en alguna reunión, porque sólo responde
su amable secretaria. Desde aquí mi más sincero agradecimiento...a
la secretaria.
El otro día intervino Andrés Berlanga
en el programa “A vivir que son dos días”, que
dirige Fernando Delgado en la SER, para denunciar los perjuicios que
causarían estos gigantes en el sabinar de Labros. La reacción
de Bono fue inmediata pero tuvo que esperar una semana para entrar
en antena. “Nos llama Pepe”, anunció el presentador.
Y allí estaba el albaceteño para proclamar, solemnemente,
que su consejero de Agricultura, o sea, el de todos los castellano-manchegos,
le había dicho que no hay motivos para alarmarse porque el
parque de Labros “no va a salir adelante”. Unos días
antes surgió la noticia de la declaración como monumento
natural de la Sierra de Pela en su conjunto, lo cual, en un principio,
supone una traba legal y definitiva al parque eólico de Hijes
y Somolinos. Ecologistas en Acción propone aplicar el “modelo
austríaco”, consistente en prohibir la instalación
de aerogeneradores en las crestas de las montañas y ubicarlos
en zonas degradadas como los polígonos industriales. Mientras,
en la Sierra Caldereros también han levantado la voz públicamente.
En Horna y Bujarrabal la movilización es absoluta y hasta los
hosteleros de Sigüenza han mostrado su rechazo a la estación
eólica que Iberdrola planea montar al pie del nacimiento del
Henares. No hay derecho a reventar un paisaje milenario por cuatro
duros que, en el mejor de los casos, darían para arreglar un
par de pistas de frontón. Por eso es bueno que la gente no
se calle. Y lo cierto es que la provincia patalea, tenuemente, como
suele hacer, pero patalea.

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