LA MÚSICA DE LAS DANZAS DE GALVE
Hasta finales de los años sesenta,
momento en que como ya hemos señalado varias
veces la tradición de los danzantes dejó
de practicarse, los músicos acudían
de Noviales (Soria). Se componían de un dulzainero
y un tamborilero, y acudían también
a tocar a Valverde de los Arroyos. Estos dulzaineros
de Noviales, así los recuerdan las gentes
de avanzada edad de Galve, han sido los mejores
músicos de todos los que han acudido a tocar
con los danzantes de Galve de Sorbe. Aquellos extraordinarios
gaiteros lograron entusiasmar a las gentes del pueblo
y a los propios danzantes logrando una música
distinguida, encantadora y al mismo tiempo acorde
con la bravura de éstos últimos.
La anécdota que ocurrió
en 1979 merece punto y aparte. En ese año
hubo un esporádico intento de recuperación
de las danzas galvitas. Ante la falta de dulzainero
y ante la inminente llegada de la fiesta, justo
la víspera, el alcalde de entonces, Victorino
de Antonio Sierra y dos personas más, entre
ellas Celedonio Sierra Martín, se fueron
a Ayllón (Segovia) a buscar a un famoso gaitero
segoviano, Mariano Contreras. Un legendario dulzainero
muy popular en Segovia y contornos que justo el
día anterior había tocado en la mencionada
localidad segoviana. Cuando nuestros paisanos llegaron,
el gaitero ya se había marchado a Segovia
capital, donde residía. No se les ocurrió
otra cosa que ir a esta ciudad. A altas horas de
la madrugada, preguntaron en el primer bar que vieron
abierto en esta capital castellana con tanta suerte
que el dueño del local era vecino del gaitero
que buscaban. Al cabo del rato, se presentaron en
el domicilio de éste último y consiguieron
sacarlo de la cama y traerlo para Galve. Algo fantástico
debió ocurrir en el viaje de vuelta porque
el gaitero se aprendió todas las danzas según
se las iba cantando Celedonio Sierra. Esto es un
hecho real que demuestra la categoría de
este gran dulzainero segoviano.
Y es que la zona de Soria y Segovia
siempre ha gozado de gran prestigio en el campo
de las dulzainas. Las voces del pueblo castellano
se han manifestado a través de las gaitas
de estos infatigables héroes de la música
que, por supuesto, no faltaban en su cita anual
con las danzas de Galve. Antes y después
de 1979 también vinieron otros gaiteros segovianos,
igualmente muy buenos.
En el apartado de “personajes
adquiridos” de este estudio ampliamos la información
sobre los dulzaineros que han acudido a Galve a
tocar con los danzantes.
La dulzaina y el tambor son, pues,
los dos instrumentos en que se apoyan los danzantes
para ejecutar sus bailes. Es curioso el caso de
la dulzaina castellana, en otros tiempos “propiedad”
única de los segovianos y sorianos y, actualmente,
ya muy extendida en nuestra provincia, debido a
las tareas de recopilación y reconstrucción
de la Escuela Provincial de Folklore, de la Escuela
Municipal de dulzaina y tamboril de Sigüenza
y de otros grupos de dulzaineros particulares.
Tal y como apunta Lizarazu de Mesa
en su obra antes mencionada, “la combinación
de dulzaina y tambor produce la melodía,
más el ritmo que marcan los instrumentos
de los danzantes”. Efectivamente, la letra
de las danzas sirve únicamente para que los
danzantes la canten en voz baja para no perderse
en el baile, pero no es un elemento fundamental,
como pudiera serlo la música. Ésta
forma parte esencial de las danzas. Hemos hablado
de la gaita o pito y la dulzaina, pero no podemos
olvidar el tamboril. Lizarazu de Mesa describía
sus características: “es una caja cilíndrica
de madera, cerrada en sus dos bases por dos parches
de piel que se sujetan a ella con un arco de madera
y se tensan mediante cuerdas que se entrecruzan
por todo el cuerpo del instrumento en forma de W.
Era de fabricación local, pero su técnica
se ha olvidado. Únicamente se cuida de su
mantenimiento y conservación cambiando el
parche de piel cuando se rompe y tensándolo
para afinarlo”.