"PUEBLOS
NEGROS"
de Guadalajara
De la vereda a Majaelrayo
FUENTE:
Revista "Turismo y Aventura". Nº78. Marzo 2001
Texto: Mavatil ; Fotos: Adrián J.F.
http://www.turismoyaventura.com
Guadalajara es una provincia con muchos encantos,
gran diversidad geográfica y cultural, y una belleza extraordinaria
en sus producciones artísticas. A lo largo de este reportaje vamos a
realizar una ruta que discurre por las tierras altas del noroeste de
su geografía. El recorrido muestra magníficas panorámicas de la Sierra
del Ocejón, y muy especialmente la originalidad e importancia cultural
y social de una arquitectura popular única, desarrollada a lo largo
de los siglos.
Nuestro viaje por tierras manchegas discurre por las
laderas del Pico Ocejón. Esta parte de la serranía de Guadalajara, denominada
Pueblos Negros, abarca un buen número de pequeñas aldeas. A continuación
recorreremos algunas de las más espectaculares para admirar las singulares
edificaciones de unos pueblos que desean conservar su tradicional arquitectura,
que posee múltiples y muy definidas funciones prácticas.
Los pueblos fueron creados a expensas de la pizarra arrancada
al terreno. Por ello las casas, cercas, recintos, prados y resto de
edificios auxiliares de color oscuro conforman conjuntos de gran uniformidad
cromática.
Por estos parajes idílicos podemos realizar excursiones
hacia los montes cercanos, pasear por sus maravillosas praderas, perdernos
entre los pequeños lugares por callejuelas de terreno natural en las
que pisamos la hierba y la roca.Descubriendo cada una de las diminutas
maravillas de su arquitectura, percibimos el aroma de sus campos, de
la leña quemada y respiramos aire puro.
Encontraremos pequeños pueblos ocultos en valles rodeados
de vegetación y agua. Del terreno oscuro de la roca y verde de los prados
emergen edificaciones irregulares y dispersas, muy espectaculares en
sus formas materiales y color. La pizarra, el barro y la madera son
los recursos que obtenían del entorno guardando estrecha relación con
él, sin deteriorarlo, formando núcleos rurales plenamente integrados.
Las técnicas constructivas consistían en la extracción
de bloques de pizarra, de varios grosores: piedras, lajas y lanchas.
Las herramientas utilizadas eran picos, cuñas y hachas. La madera está
labrada con hacha, ofreciendo una imagen primitiva en todas sus formas.
Con ella se realiza toda la estructura interior y sirve como soporte,
protección y decoración en vigas, dinteles, cercos, puertas y jambas,
así como en estructuras para porches, atrios y tejadillos.
El barro se mezcla con piedras para formar sólidos bloques
de diverso tamaño, que se hunden en el terreno creando bases sobre las
que se asientan los muros. Los tabiques interiores son de adobe con
entramados de ramas y palos. Los muros y tabiques se enlucen con una
pasta que obtienen batiendo el barro con paja. Casi todos los interiores
y algunos cercos de ventanas y puertas aparecen encalados en blanco.La
Arquitectura Popular de estos lugares nos ofrece una tipología
singular creada para cubrir las necesidades básicas de una sociedad
dedicada al pastoreo y a la ganadería durante siglos.
Hallamos conjuntos de reducido tamaño y aislados entre
sí, situados sobre verdes prados, en valles bordeados por caminos y
sendas naturales y cercados, en algunos tramos, por hileras de madera,
piedra o pizarra. Están fabricados con gruesos muros en los que aparecen
pocos vanos: puerta de acceso y algunas ventanas o ventanucos.
En lo que respecta a la vegetación, a lo largo y ancho
de la tierra de los Pueblos Negros destacan los bosques de pinos,
enebros, sabinas, robles, acebos... En los márgenes de los ríos encontramos
chopos y álamos. También, cercanos a las poblaciones, seriales y frutales.
Abundan de la misma forma jaras y estepas, así como brezo y gayuba en
zonas más altas y húmedas. Muchas zarzas, arándanos y plantas aromáticas
como el tomillo, lavanda, jara y romero. En fauna destacan el jabalí,
muy abundante en toda la zona, el zorro, el venado, el águila, el búho,
etc.
Embalse de El Vado
Nuestra ruta parte del embalse de El Vado, al que accederemos
por la carretera que llega desde Guadalajara hasta Retiendas pasando
por Humanes. Apenas un kilometro al sur de Retiendas se encuentra el
Monasterio de Bonaval, en el que podemos visitar sus interesantes ruinas
románicas.
Desde aquí continuamos hasta el embalse que encontramos
a unos nueve kilómetros. Bajo sus aguas está sepultado un antiguo e
importante pueblo negro, El Vado. Cruzamos las aguas por el puente que
hay sobre la presa y, algo más adelante, pasamos un túnel y otro puente,
donde tomamos una pista forestal que, en unos seis kilómetros, nos conduce
a La Vereda.
Durante el recorrido podemos distinguir el pico Ocejón
y, en el valle, el río Jarama, el arroyo Vallosera, que llega desde
el macizo de Ayllón, y el arroyo Matilla, quienes de manera espectacular
vierten sus aguas en el embalse. Es un bello paisaje cargado de los
colores rojo de la tierra y verde de la vegetación.
Impresionados por la belleza del entorno y por las fantásticas
vistas, continuamos hasta La Vereda, pueblo de enorme belleza y tranquilidad.
Antes de llegar encontraremos un pequeño arroyo. Las calles naturales
de roca erosionada por el paso del tiempo y de las gentes crean formas
increíbles. Nos encontramos en un pequeño lugar de ensueño. Las casas
están situadas alrededor de la iglesia formando un hermoso grupo que
posee todas la peculiaridades propias de la arquitectura negra. Todo
el conjunto ha sido creado de pizarra constituyendo un entorno de singular
atractivo. Vemos casas con corrales, patios y habitáculos para guardar
animales, aperos de labranza y leña.
Descubrimos cubiertas de gran belleza en las que destacan
las típicas chimeneas y los preciosos hornos en su cara posterior, que
se encuentran adosados al muro exterior. Muchos elementos de madera
en balcones, ventanas, barandillas y galerías cubiertas. También encontramos
en el lugar una fuente y un bonito grupo de taínas situado en las afueras.
La iglesia, de una sola nave, tiene atrio y espadaña con un hueco para
la campana. En este pueblo el ganado se halla disperso entre las casas
y duerme en los antiguos establos que pertenecían a las propias viviendas.
Retornamos por el camino de llegada hasta el embalse.
Después de cruzarlo, tomaremos una carretera a la izquierda que conduce
hacia Majaelrayo.
Campillejo
El primer caserío que encontramos es Campillejo. En sus
alrededores distinguimos pequeños huertos de frutales y hortalizas,
que ofrecen una pintoresca imagen en su conjunto.
Campillejo es una pequeña aldea que conserva restos de
su iglesia. En una de sus paredes aparece adosada la sacristía. Los
muros de todas las edificaciones destacan por estar construidos enteramente
en pizarra. Algunas de las casas muestran en las fachadas los característicos
encalados de puertas, ventanas y cruces incrustados. Camino de El Espinar
encontramos un bonito conjunto de pequeñas construcciones de pizarra
con corrales o cobertizos delanteros cercados por muretes, Tainas.
El Espinar se halla en una colina rodeada de barrancos
cubiertos de vegetación y huertos, con preciosas vistas sobre el valle.
Posee un lavadero de pequeñas dimensiones cubierto sobre un pilón rodeado
de lanchas de pizarra. También vemos un recinto cercado por grandes
troncos en el que hallamos un juego de bolos. La iglesia presenta espadaña
con un hueco para campana, está construida con mampostería de pizarra
y aparece protegida en la entrada con un porche cubierto por la prolongación
de la cubierta.
Los edificios de vivienda tienen cubierta de grandes
faldones de pizarra. Las entradas a la casa están protegidas con porches
y tejaroces. Los muros de mampostería aparecen con diminutos huecos
bajo dinteles y otros elementos de madera y cruces de pedernal incrustadas
en los paramentos.
Delante de las entradas han situado pequeños recintos
o patios cerrando todo el conjunto por vallas de pizarra y barro. Las
tainas o casillas que encontramos aisladas conservan las mismas características
que el resto de las viviendas.
Apenas a un kilómetro de aquí nos tropezamos con una
senda que nos conduce a Roblelacasa. Es éste un lugar cercado por montes
cubiertos de jaras que ofrece una imagen de gran belleza.
Conserva restos de la iglesia de nave única con sacristía
adosada, además de aleros de pizarra y porche con estructura de troncos
de madera.
Las viviendas originales son de una planta con cámara
y la cubierta con los característicos faldones.
Campillo de Ranas
Nos dirigimos ahora a Campillo de Ranas. Este pueblo
es uno de los más representativos de los Pueblos Negros. Nos
llama la atención, al acercarnos, su espectacular paisaje de prados
compartimentados por lanchas de pizarra delimitando espacios.
Lo encontramos en un precioso valle que posee una extensión
aproximada de algo más de noventa kilómetros cuadrados, incluyendo Campillejo,
El Espinar, Roblelacasa y Robleluengo, sumando entre todos ellos una
población que ronda los ciento cincuenta vecinos.
A la entrada del pueblo distinguimos el cementerio, con
restos de una ermita que tiene a los pies un reducido porche. También
vemos un característico lavadero.
El núcleo urbano muestra casi todos los elementos y tipos
de la arquitectura negra: cumbreras entrecruzadas a tijera, cercados
en vanos, grandes cubiertas, corrales, hornos, chimeneas, tejaroces
y porches, grabados con inscripciones y fechas, recintos cercados para
juego de bolos y una antigua fragua.
La iglesia de Santa María Magdalena tiene un porche en
la fachada sur y torre cuadrada de piedra negra, alternada con otras
de color blanco rematando esquinas y vanos. Las puertas de acceso presentan
arco de medio punto apoyados en pequeñas cornisas.
Robleluengo es una encantadora aldea rodeada de pequeños
huertos cercados con Hincaderas. Posee un juego de bolos y los típicos
hornos aparecen tanto en el interior como adosados al exterior de las
viviendas. La calle mayor, de gran atractivo, distribuye las construcciones
negras a ambos lados. Al final de la calle, en un ensanchamiento, se
encuentra la iglesia que conserva algunos muros y el arco de acceso.
Posee espadaña de forma triangular con dos huecos para campanas.
El último pueblo que disfrutaremos en nuestra ruta es
Majaelrayo. Se encuentra en un pintoresco valle rodeado de bosques y
montañas. Es uno de los caseríos con mejores ejemplos de arquitectura
popular. Posee un censo aproximado de sesenta vecinos y un término municipal
de algo menos de sesenta kilómetros cuadrados. El pueblo ha conservado
su costumbrismo y peculiaridades manteniendo vivas las tradiciones y
fiestas. Al llegar a él nos encontramos con su iglesia, en la que destaca
la espadaña triangular con dos huecos para campanas y rematada con sillares
de piedra blanca. La entrada principal está protegida por un porche.
Tiene, además, un atrio con banco corrido.
Las edificaciones urbanas se estructuran a lo largo de
las calles formando núcleos complejos: corrales o patios delanteros
delimitados por vallas de pizarra con pequeñas edificaciones complementarias.
Las fiestas se celebran el primer domingo de septiembre:
fiesta del Santo Niño. En ella participan ocho danzantes, dos botargas
y un gaitero-tamborilero. Los danzantes bailan piezas de fuerte sabor
popular como El Cordón, Las Espadas, Las Fajas… En la antigüedad también
representaban autos sacramentales y sainetes de tema religioso. Los
Botargas, cubiertos con llamativas vestimentas y accesorios, permanecen
alerta cuidando de que durante la misa nadie se duerma. Si lo hacen,
los fieles comerán sopas o recibirán palos…
La especialidad gastronómica de este pueblo es el Cabrito
asado al Breve y la Zurra de Tinto: vino tinto fuerte mezclado
con azúcar y miel caliente.
Desde Majaelrayo podemos realizar diversas excursiones
y agradables paseos hacia los diversos picos del entorno, a las gargantas
o los distintos parajes insólitos: Valverde de los Arroyos, garganta
del Robledo, La Majaita, fuente de las Arroyadas, ascensión a El Campachuelo,
de casi dos mil metros de altitud, etc. Cerca se halla también el pico
Ocejón, con una altitud sobre el nivel del mar de 2.048 m.
Subiendo desde Majaelrayo por caminos o pistas forestales
por la Sierra del Robledal hacia Cantalojas o hacia El Puerto de la
Quesera descubriremos impresionantes conjuntos de Tainas aisladas en
el monte. Con estas rutas y paseos despedimos el viaje a un espacio
natural de inusitada belleza, que se encuentra emplazado en un ambiente
solitario y bucólico, habitado por gentes sencillas y hospitalarias
deseosas de conservar estos lugares como un bien propio, que debe ser
respetado, no alterado ni desposeído y mucho menos destruido.